Barcos, arquitectura flotante…

Mi patria, la mar, no obedece más que a sus leyes naturales, incapaz el hombre de modelarla más allá de sus orillas, con las formas geométricas con las que pertinaz esculpe el paisaje terrestre. La estática arquitectura que desde tierra el mar contempla, que su fresco aliento salino respira, que expone su contundencia sólida ante la inmensidad líquida, lo admira consciente de que no podrá asentar jamás sus cimentos sobre el agua. Aquí te espero a que vuelvas de la mar, marinero.

Pero un barco… Un barco es arquitectura soñando ser delfín, o gaviota, ¡o ambos!, jugando con las fuerzas dinámicas de la naturaleza. Es el alma de un hogar que quiere ser niño, que quiere descubrir que hay más allá, que busca ora la excitación del peligro, ora dejarse mecer por la calma. Es una casa de muñecas a escala de mayores. Es cambiar de vecinos en cada escala. Es explorar sus rincones. Son sensaciones. Son detalles, artesanía, cuidados. Es previsión y sorpresa. Adrenalina. Es aprender a vivir con lo imprescindible. Es desechar lo superfluo. Son cabos que van y vienen, son azules y verdes. Espuma. Es saber que todos allí se necesitan. Es asumir una jerarquía indiscutible. Lealtad. Supervivencia. Sí, mi Capitán.

Es arquitectura flotante. Es vida. 

Anduriña Estévez. Junio 2021.

4 comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *