Los mejores materiales ya los inventó la naturaleza. Sólo hay que saber mirar alrededor, observar la geología, la materia prima existente y las construcciones que, sin haber recurrido a grandes procesos químicos o industriales para erigirse sobre el terreno, han llevado con estoica dignidad el paso del tiempo.
Forzar el uso de materiales excesivamente procesados o ajenos al entorno, activa en éste mecanismos de defensa que acabarán deteriorándolos, indefectiblemente, cual organismo que se defiende de un intruso.
No hay impermeabilización más efectiva para una zona lluviosa que una cubierta inclinada de pizarra. No hay mejor fachada frente a las inclemencias de Finisterre que un muro de granito.
No hay mejor aislante térmico que la cerámica. En zonas calurosas, cubierta inclinada de teja. Y qué me dicen de la efectividad, ¡y la belleza!, de una azotea con doble capa de baldosa catalana colocada en espina pez, con avitolado de juntas.
No hay mortero monocapa que supere a un buen mortero de cal. Cal, arena, agua y pigmento cuyo resultado cromático hacen que Sevilla embriague con sus fachadas, su olor a azahar… Cal de los pueblos blancos de Cádiz, de Cadaqués… Piedra marés mallorquina. Madera que tamiza la luz en sus ventanas.
Tenemos tanto…
Anduriña Estévez, Mayo de 2020
Estoy de acuerdo contigo,tenemos tanto!! Pero no muchos lo aprecian. Destrozan espacios para enriquecerse sin pensar en lo maravillosa que és la naturaleza.
La avaricia, no sólo suele ser antiestética, sino que acaba devastada por la misma naturaleza que intentó devastar…
Totalmente de acuerdo.
Y ya lo de “ espina pez, con avitolado de juntas”, eso ya es top top.
Quien comenta sí que es Top. ¡Gracias Chema!. 😉
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